No mas vueltas: a fondo con Nano Stern (Parte I)

   Por: Juan Ignacio Cornejo K.     

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Largo tramo llevamos recorrido junto a Nano Stern en los últimos años. Lo hemos acompañado a casi todas, así es que en los días en que está celebrando su primer álbum en cuatro años aprovechamos de hacer una revisión a toda el agua corrida entre Las Torres de Sal y sus nuevas composiciones. Pero, tal como él, vamos tranquilos por las piedra. Esta es la primera parte de lo mucho que nos queda por compartirles de Nano. Agarren vuelo con nosotros.

 

Cuatro años entre un disco y otro. Mucho tiempo y antes de profundizar en todo lo que pasó estos años, ¿cómo fue retomar el proceso en el estudio con la presión de que ahora hay mucha más gente esperando nueva música? Y dentro de esa misma nueva película, ¿cómo cambia la metodología de trabajo con una banda que se ha mantenido estable casi todo este largo ciclo?

A ver, primero respecto a 4 años entre un disco y otro es muy relativo, porque está SanDiego850 que es un disco en vivo, está La Cosecha que es un disco de estudio y que tiene 3 canciones nuevas, y está la colaboración con Juana Fe. Todo eso tenía alguna cosa nueva. Fue un periodo largo, efectivamente, de no concentrar mi energía en presentar material nuevo, y fue porque tuve la chance de tocar mucho. Y de hacer difusión en el mundo entero, ustedes mismos han sido testigos de todo lo que ha pasado en este periodo.

Como consecuencia directa, todo eso me impedía tener la concentración necesaria para avanzar en un nuevo disco. Y honestamente sentí que no tenía la necesidad en ese instante, tenía para atrás un montón de discos, muchas canciones para defender, puedo hacer conciertos de 2 horas y media sólo con temas míos y los fans las cantan todas. No había urgencia, quise concentrarme en girar.

Y de lo que preguntabas al final, entre Las Torres de Sal y este álbum pasó algo muy rico, y es que pude consolidar a mi banda en vivo. Eso fue muy crucial.

 

¿Y cómo se manifiesta esta nueva fuerza colectiva al momento de grabar Mil 500 Vueltas?

De partida, hay un lenguaje común. Eso sólo se desarrolla tocando. Y de parte mía, tanto como compositor como arreglador y productor – que son tres pegas distintas – tengo la chance de hacer un uso mucho más interesante de la banda como una herramienta. No son acompañamiento; en muchos momentos, estos temas están pensados desde la banda.

“Mil 500 Vueltas” tiene un interludio instrumental que cuando la toco solo, esa parte no existe. Está hecha para la banda. Y la colaboración de cada uno aporta un color nuevo; son puros capos, yo los admiro mucho. Soy consciente de que tengo que aprender de cada uno de ellos. O sea, he tomado clases con algunos de los que tocan en mi banda, no lo estoy diciendo por decir.

He desarrollado también la confianza al momento de producir, de creerme más mi cuento. Porque en esta banda existen personalidades muy fuertes, pero ahora también está mi capacidad de decir “sí o no”. Hay que tener la dirección muy clara. Eso es un diálogo, nos comunicamos y nos respetamos, pero está bien establecido también que la banda es mía. Si me toca colaborar en sus proyectos, como tocar con De Ruts, se invierten los papeles, ¿me cachái?

 

Profundicemos en las diferencias entre este disco y el anterior. ¿Por dónde parte lo que puede distinguir uno y otro álbum?

Puta, Las Torres de Sal fue grabado en directo. Ahí yo estaba en guitarra y voz, y mandolina en un caso excepcional. Aquí en algunos tracks toco más de un instrumentos. Volví a eso, incluso tocando casi todo, como cuando estaba recién empezando. Y en otros temas no toco nada. Hay guitarras que suenan por ejemplo y que no son mías; hay cuatro guitarristas en el disco. Está el Inti González, que tocó la guitarra en la banda por mucho tiempo; está Simón González, el hijo del “Tilo” de Congreso, que toca guitarra acústica con mucho lirismo; y está Raimundo Santander. Creo que ellos dos son los 2 mejores guitarristas de mi generación. Y es lindo, porque ellos fueron parte del ciclo Brotes de Invierno.

 

Para allá te quería llevar. El año pasado ya daba la sensación que algún significado le estabas dando a esto de Brotes de Invierno, Flor de Concierto y todo eso. ¿Se logró manifestar de forma clara dicha continuidad en estas canciones?

Sí, me enorgullece que sea haya notado. Hay una reminiscencia al cartel del Flor de Concierto con la portada de Mil 500 Vueltas. Me acuerdo perfecto en mayo del año pasado, iba en la micro y tuve un minuto de lucidez y pensé que eso era lo que tenía que hacer: un ciclo de invierno, un gran concierto de primavera, una gira de verano y en el otoño que dejar que los frutos maduros salieran a la luz. Y fue calcado.

En Brotes de Invierno tocamos varias de estas canciones por primera vez. Y por única vez, no las seguimos exponiendo. Fue un taller. Mucha de la gente que aportó, está en el disco también. Recuerdo que incluso hicimos un ejercicio de terminar una letra ahí entre todos, y así quedó, es el último tema. Eso no fue un cuento; esa experiencia fue real y es bacán que haya quedado plasmado acá. Las semillas que regalamos fueron las plantas y las flores que estaban en el escenario del Caupolicán en Flor de Concierto. Literalmente, las mismas semillas.

Hubo una continuidad. Flor de Concierto me permitió estar en Viña. Permitió que la gente dijera “este hueón está haciendo un tercer Caupolicán en un año. En doce meses llenamos tres Caupolicanes y dos Nescafés. Y tocamos en Viña.

 

Antes de avanzar hacia Viña, pareciera que todo este ciclo de los últimos doce meses estaba muy planeado y que lo que iba a salir en Mil 500 Vueltas venía predeterminado.

Más o menos. De partida, la mitad del disco es de los últimos 7 u 8 meses. Las otras las tocamos en Brotes de Invierno. “Vapor” la tocamos harto, y “Mil 500 Vueltas” la hemos tocado muchísimo y hace un par de años ya. “Ser Pequeño” creo que es la que tiene más escenario, es la más antigua. La hice antes de La Cosecha, la escribí el mismo día de “La Despedida”, me acuerdo perfecto.

Todo el proceso decantó en el disco. Pasando por Brotes, los Caupolicanes, y Viña. Viña me posicionó, me permitió compartir con mis colegas de otra manera.

 

FIN PRIMERA PARTE

 

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