Dread Mar I: “Para hacer canciones románticas sí que hay que tener huevos”

   Por: Juan Ignacio Cornejo K.     

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Nadie va a venir a desconocer hoy la fuerza de Dread Mar I en Chile. Su show en el Teatro Caupolicán tiene prácticamente todas las localidades agotadas (últimos boletos disponibles por Ticketek) y será su primera vez con un concierto propio a todo dar. Después de experiencias en festivales capitalinos y estivales, los responsables de “Tú sin mí” gozan de la confianza que otorga el respaldo popular que se manifiesta en cada visita que hacen a Chile. Charlamos con Mariano antes del gran salto. Lleno de alegría y calma, no le hizo el quite a nada. Por acá, disfrute.

 

Partamos por lo inmediato: el show en el Teatro Caupolicán. Primer concierto ahí para ti solo. ¿Te has enterado de la importancia del Caupolicán en la historia cultural chilena?

Mirá, lo que puedo comprender de momento es que Caupolicán es lo que era Obras en su época en mi país. Allá en Buenos Aires está el Luna Park, que es conocido acá también, y había un lugar un poco más pequeño que era Obras. Era de Obras Sanitarias, un mini estadio cubierto para 5 mil personas. Llegar a Obras era la previa al Luna Park. Creo que una cosa similar pasa en Santiago con el Caupolicán y el Arena.

Por eso nos tomamos muy en serio el show que viene. No es solamente lo que representa el escenario, que para ser en un país que no es el mío ya es algo impresionante. También es porque son 5 mil personas que van por vos. Si bien le ponemos el ímpetu a todos los shows, hacemos una lista para unos conciertos más pequeños y algo superior a shows grandes como esto.

Nosotros haremos en Buenos Aires ahora un concierto para celebrar los 10 años de carrera en el Planetario, un lugar abierto y que será de acceso gratuito. Ese mismo show es el que vamos a presentar en Santiago. Nos tomamos realmente en serio esto, estamos agradecidos. Mirá lo que pasó en lo que hicimos en el GAM: la gente haciendo fila por horas con la ilusión de poder ingresar para verme un rato y sacar una foto. Qué se yo. Es fuerte. Ya Pichilemu fue fuertísimo.

 

 

Con disco relativamente nuevo y la celebración de 10 años podría decirse que llevas dos bolas en el aire. Pero además, todavía estás en pleno crecimiento en distintos mercados. Son 3 cosas las que te empujan en estos días. Nada mal, ¿no?

A mí una vez me dijeron dos cosas. Primero, me dijeron elegí: yo dije “yo quiero el mundo”. Pero también me conformaba con vivir de la música. Es lo que amo hacer. Y eso es lo que hago: yo quiero el mundo, pero me lo tomo con esa paciencia, la de querer nada más que pagar mis cuentas. La paso bien, conozco amigos nuevos, nos cruzamos con gente, escucho alguna historia, lo quiero vivir así.

Después de pasar por un furor terrible… estuvo bueno, porque te posiciona en un lugar, pero para la persona no tanto. Tocamos más de 120 shows al año, muchas veces pasaba que tocabas y no sabías dónde estabas. Eso no me gusta. Detrás de eso se va gestando algo, que no puedes controlar, que no sé dónde te lleva y que es malo para el humano.

Eso yo no lo quiero más. En mi país hay un auge de tocar cuantas más veces se pueda en un lugar. Por ejemplo, si una banda le va bien, hizo 10 Ópera, o hizo 10 Teatro Gran Rex. Yo quiero hacer uno. Y si hay que hacer otro, ojalá el otro mes. Tocar muy seguido me quita mucha energía. Yo quiero hacer un show y ponerle todo. No puedo estar pensando en guardarme: ya hice 3 Luna Park seguidos y no la pasé bien. Los primeros dos los viví como un sueño Y cuando llegué al último, no tenía la voz como me hubiese gustado. Esas cosas ya no las estoy eligiendo.

 

¿Qué tan cierta es entonces la consigna de que lo difícil no es llegar, si no mantenerse?

Y… es así. Pero mantenerse todo el tiempo siendo el primero, y la verdad es que pienso “a ver, ¿ser primeros en qué y para quién?”. En la música no hay que competir. Yo no le tengo que ganar a otro. No es deporte. Y decís “pará, ¿esto es algo que me lo están imponiendo? ¿Para seguir vendiendo y que a todos les cuaje la cosa?”. Yo no compito con nadie. No tengo que llegar a ninguna meta.

Al que no le guste que yo quiera hacerlo a mi manera, es problema del otro. La forma en que lo haré bien es sin mentirme a mí mismo.

 

Tus fans se sienten muy inspirados por el romanticismo en tus canciones. ¿Es muy difícil ser romántico en la época que vivimos?

Mirá, lo que pienso es que la agresividad no tiene que dar demasiadas explicaciones. Si haces un tema repudiando, ya está. ¿Quién te va a decir algo? En cambio, hacer un tema de amor porque estás mal con tu pareja o que le va a hacer sentido a tu amigo… anda y canta eso en un escenario. Para eso sí que hay que tener huevos. Yo me siento cómodo haciendo eso.

Me gustan las canciones de amor. Y hago canciones sociales. Y espirituales también, porque a mí me hacen bien. Si a vos te hace bien, buenísimo. Pero los temas románticos me hacen vibrar y me hacen cantar. Y a mí me gusta cantar. Como a un violero le gusta tocar un tema rockero con una escala re jodida, a mí me gusta cantar. Y de esa manera encuentro el canto. Así aprendo a cantar. Un bolero, una salsa, un folfklore. Antes son melodías, nada más.

Por eso canto un tema de Juan Gabriel. Y a la gente le encanta. ¿Para ti yo soy un no sé qué por estar enamorado? Cuando te querés juntar con tus amigos, tenés que pedirle permiso a tu mujer, ¿no? Vos también estás enamorado, pero yo me animo a decirlo. ¿Quién está peor? No son auténticos.

 

En general, hay una lucha constante para que el reggae tenga difusión en el mundo. ¿Hay una resistencia cultural contra lo que representa el reggae?

Por más que sea crossover, lo toman como algo under. Pero si un festival de reggae mete 10 mil personas, ¿en qué momento deja de ser under? Y en los grandes premios no están los artistas de reggae. Eso te da bronca. Muchos llevan más gente. ¡A Pichilemu en el verano fueron 10 mil personas! ¿Te parece que eso no es crossover?

En mi país sigue siendo under, a pesar de lo popular. Nosotros cruzamos esa barrera a lo masivo, y llegamos tan lejos que ahora dicen que lo que hacemos no es reggae (risas). La gente que dice que nosotros no somos reggae, que venga y me diga qué es lo que escuchan. Qué es lo que saben. Si quieres tener una medición de quién sabe más, sentémonos. Yo escucho reggae desde los 11 años, a ver cuánto sabés vos.

Creció el reggae en castellano em mi país. No creció el género como un todo, sino que sólo el reggae en castellano. Y la gente que dice que nosotros no hacemos reggae sabe lo que entiende desde acá. Andá a decirle a Gregory Isaacs que no haga canciones románticas. O que John Holt no haya cantado canciones románticas.

 

A propósito del reggae en español, ¿te parece que el reggae a nivel mundial todavía está relacionado casi exclusivamente a Bob Marley (y su descendencia)?

Volvemos a lo anterior. Es porque existe mucho desconocimiento del reggae, no se sabe, no se muestra, no se difunde. Y no es porque los hijos de Bob Marley no hagan cosas buenas, porque sí las hacen. ¡Me encantaría ser amigo de ellos, son tremendos! Son increíbles. Cada vez que sacan algo nuevo, es muy nuevo, pero si escuchás, es muy Marley.

Yo escucho toda otra rama. Yo escucho Jah Cure, Busy Signal, escucho Gappy Ranks, toda otra rama, que no tiene nada que ver y que no es tan estadounidense. Esas cosas pasan en Jamaica ahora, no en EEUU. Pero lo que pasa en Jamaica es lo más interesante.

Pero no quiero decir que los Marley no sepan lo que hacen. Son buenísimos, saben utilizar muy bien lo que tienen. De sus últimos discos, para mí el más interesante del último tiempo es Mind Control de Stephen Marley. Es el más importante. Ese disco es increíble, innovador, moderno. Y él es el que más produce a los hermanos.

Pasa siempre en todo caso, gente que dice que escucha reggae porque escucha a Bob Marley. Y él no se parecía a nadie. Que no se olviden que atrás hay un mundo gigantesco. Se lo están perdiendo si es que se quedan sólo en Marley.

 

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