Los Bunkers revisan los 10 años de La Culpa (2da parte)

   Por: Juan Ignacio Cornejo K.     

Los Bunkers - La Culpa

2003: el mapa musical chileno, el despertar político y cultural y el nuevo estatus.

 

M. Basualto: En el tiempo en que salió el disco, capeábamos el andar escuchando o muy atentos a lo que pasaba alrededor nuestro y con las otras bandas chilenas. No estábamos muy al tanto de lo que se estaba haciendo. Era una época donde grabábamos un disco por año. A esa altura teníamos que dejar de tocar para entrar al estudio, no parábamos de trabajar. Leíamos en los diarios nomás, o comentarios que nos llegaban de amigos sobre alguna banda o algo que estuviera pasando.

 

A. López: Hay que pensar que los grupos más fuertes de esos años eran los que quedaban de noventa.

 

M. Durán: La banda que realmente sentíamos buena era Petinellis. Esa nos hacía decir “chucha, la media banda”.

 

G. López: Los componentes que tenía esa formación del grupo era especial, porque cada uno aportaba algo que el Álvaro no pudo volver a repetir después con los Petinellis.

 

M. Durán: Nosotros la primera reunión con Chalo González, para conocernos, fue en diciembre del 2002. Entonces La Culpa es un disco que se empezó a gestar con harta anticipación. Buscamos el sonido que queríamos, buscábamos qué era lo más interesante de las ideas que teníamos, las letras, todo eso. Entonces el 2003 lo pasamos prácticamente trabajando, todo el año.

 

En junio y julio nos metimos a grabar todas las ideas y terminarlas. En agosto grabamos el demo; más bien, Chalo se metió a la sala y grabó en 8 pistas todas las canciones, o siete en realidad. De ahí sale “Canción para Mañana”, la versión final es de esa pasada.

 

M. Basualto: Me acordaba ahora que también nos pasó que en el verano del 2003 empezó todo el recuerdo de los 30 años del golpe, con mucho material previo a Youtube. Vimos hartas películas, se editó La Batalla de Chile, por ejemplo, los más chicos no la habían visto. El Gonza o el Francis por ejemplo, a la edad que tenían empezaban a entender lo que pasó desde otro punto de vista.

 

Me acuerdo que cuando vimos La Batalla de Chile, nos llamaba la atención el manejo del lenguaje que tenía la gente. Sentíamos que había un rollo en recordar ciertas partes de las cosas que no estaban presentes. Un detalle que a mi me parece genial: en “No me hables de sufrir” suena un tiple, que eso no lo encuentras en otra canción de rocanrol famosa. Eso tenía que ver con empezar a mirar con menos nostalgia y con más ganas de aprender de lo que había pasado. Ya no quedarse en el golpe y las escenas del bombardeo, sino tratar de entender el nivel cultural o lo que quedó inconcluso. En todo, sentíamos que había que darle una vuelta al asunto y hacer algo distinto.

 

Hasta la carátula fue una coincidencia, que el Carlos Cadenas estuviera disponible, que uno de nosotros fuera a hablar con él. Para que él nos propusiera una carátula tipo mural Ramona Parra. Nadie se acordaba de esos. Yo tengo una amiga que me contaba que la Unidad se reformó después de eso.

 

A. López: Nosotros traíamos un rollo desde la casa. Quizás el resto del país empezó a acordarse y revivir ciertas cosas en un afán de rescate, pero para nosotros era algo de la casa. Nosotros veníamos tocando Víctor Jara desde el primer disco.

 

M. Durán: El Francis había tocado con Inti Illimani 5 años antes, en un taller en Lota antes que existieran Los Bunkers.

 

A. López: Y sentíamos que tampoco nos entendían mucho. ‘¿Por qué tocan Víctor Jara?’ y esas cosas. Entonces el 2003 fue como ese revival y para nosotros fue como “por fin”. Y lo aprovechamos, nos relajamos, nos crecieron bigotes.

 

M. Basualto: Ese año tocamos en el concierto para Salvador Allende. Tocamos con Claudio Parra y generamos un momento bien ‘canción chilena’. Y eso es por lo convencidos que estábamos con la dirección que estábamos tomando. Y además que esa era de las mejores pintas que teníamos…

 

M. Durán: A nivel temático, hay muchas canciones que hablan de la defensa del sentimiento por sobre la razón. “No necesito pensar”, “Canción para mañana”, “Dios no sabe perder”, “Última canción”. Fuimos conscientes de meter todo a la juguera. No era como ‘tratemos de lograr nuestro estilo’, sino ‘metamos todas las hueás que nos guste’. En el disco está presente Silvio, los Byrds, Dylan, Inti Illimani, los Wings, Supergrass, Quilapayún.

 

 

A. López: En el concierto de Allende, tocamos “Miño”, tocamos “La Exiliada” y el tema de Los Jaivas. Porque no teníamos más repertorio para hacer saltar a la gente. Entonces este disco nos dio otra fuerza, afianzó mucho el que la gente nos conociera, que cada single le empezara a ir bien y la banda alcanzara otro estatus. Todo eso empezó a pasar con La Culpa.

 

F. Durán: También que logramos hacer 3 discos en 3 años. Nos permitió poder consolidar esa imagen hacia afuera. Era una meta que nos habíamos impuesto.

 

M. Durán: El disco abre con “Canción para mañana”, que creo que es de las mejores canciones que hemos hecho. Y es la que mejor resume el disco, por eso está al comienzo. Nuestros últimos sencillos tenían otra onda, con esta queríamos romper eso. Es un súper buen comienzo.

 

A. López: Pasa lo mismo que con “Desperdíciame”, yo creo.

 

M. Durán: Sí, eso. Creo que cualquier persona que conociera al menos a lo lejos a Los Bunkers, empezaba a escuchar el disco y decía ‘chucha, qué pasó aquí’. La letra, la música, es diferente a todo lo que habíamos hecho. Y no necesitamos que la banda estuviera haciendo ningún malabar. El tema tiene un peso incuestionable.

 

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