No mas vueltas: a fondo con Nano Stern (Parte II)

   Por: Juan Ignacio Cornejo K.     

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Largo tramo llevamos recorrido junto a Nano Stern en los últimos años. Lo hemos acompañado a casi todas, así es que en los días en que está celebrando su primer álbum en cuatro años aprovechamos de hacer una revisión a toda el agua corrida entre Las Torres de Sal y sus nuevas composiciones. Pero, tal como él, vamos tranquilos por las piedra. Esta es la segunda parte (LEE ACÁ LA PRIMERA PARTE) de una conversación extensa, intensa y (por qué no decirlo) bien cara de palo que tuvimos con Nano. El Arena ya se acerca.

 

Después de 4 años, ¿había algo de impaciencia para sacar este nuevo disco? ¿Cuál era la sensación dominante al momento de entrar al estudio? ¿No te picaban las manos por grabar?

No tenía ansiedad, porque tenía bastante claro el proceso de pasar por un montón de hitos y sentía que el material para hacer eso eran las canciones que ya estaban. Ese repertorio estaba maduro. Y me mantuve activo en cuanto a publicar cosas. Todos los años hice alguna hueá.

Sacar el disco del Caupolicán era la manifestación de haber pasado por ahí y haber crecido como banda. Pasado Viña, me metí a hacer el disco. Viña en términos de repertorio implica una reducción; ni siquiera tocamos “Vapor”. No quería mostrar lo nuevo para decir ‘esta es mi volada, cachen’. No, yo quería levantar la mano y decir ‘hola, aquí estoy, existo, conozcan la música’. Fue como irse a la segura con las cosas que tú sabes que puedes controlar. Puta, Viña es tan grande, tan a otra escala, no se asimila a nada que yo haya hecho antes.

 

¿Y sentiste el tamaño de la ocasión?

Puta por supuesto que lo sentí pos hueón.

 

Me acuerdo que cuando hablamos antes, trataste de bajarle el perfil, de transmitir la sensación de que ahí ibas a ver cómo reaccionar, que no le ibas a hacer el quite al gallito. Estaba esa duda, de las ganas versus las restricciones y la presión.

Restricciones encontré casi ninguna. Algunas y muy superficiales, como lo de los elefantitos en la pantalla. O no podía tener un laptop Mac con la manzanita sobre el escenario. Cosas que tenían relación con el aspecto comercial. Y me chupa un huevo, mi show no depende de eso.

Todos sienten la presión. Hablaba con Pedro Aznar y la sentía. Y los músicos de Cat Stevens y él también la sentía. Es un contexto muy raro, un show televisivo que lo ven muchos millones de personas. Son cosas únicas en la vida.

Lo que sí me preparé fue emocional y espiritualmente para salir tranquilo, para manejar la presión. Todo el día hicimos trabajo en ese sentido. Y antes de salir ya estábamos relajados. Incluso nos pegamos una jam antes de salir, 15 minutos antes. Más que nada, la presión era por los cagazos técnicos que puedan pasar. Eso le puede pasar a cualquiera, y no pasó nada.

Me bajé del escenario, me emborraché, me fui un par de días a descansar y el objetivo era estar ahora acá con esto, con este disco. Y ya está, me parece increíble, lo hicimos, estoy orgulloso y creo que es mi mejor disco, por harto.

 

Hablando de presión, ¿y el disco? Mucha gente estaba atenta, mucha gente sentía que tenía que ser un disco radial y hecho para esos parámetros de medición de éxito. ¿Cómo entró eso a jugar un rol al hacer los temas?

Es el disco que yo quería hacer. Si es más o menos oreja, me da lo mismo. No es un capricho, es poner en un disco lo que yo quería hacer. Es una colección de experiencias, de nuevas influencias, de amistades. Y se nota en términos de madurez, asumir el disco con más conciencia.

Nunca tuve que poner tanto convencimiento de mi parte para ser yo el productor. Por primera vez podía elegir a un productor bacán; pero no quise. Colegas me llaman para que yo produzca sus discos. Tengo el oficio, lo estoy aprendiendo. Y tengo super clara la hueá de lo que quiero para mi banda. Conozco a mis músicos mejor que nadie; tengo oficio para hacer los arreglos, para saber con quién asesorarme. Y fue bacán tomar esa decisión. Y pinponearme yo mismo.

 

Es que la única persona que puede pararte el carro en el estudio es el productor. Y aquí no lo tuviste. ¿No lo necesitabas? ¿No lo querías?

En este disco, desde el último ensayo al final, lo que más sucedió fue sacar cosas. Tuve que hacerlo. Hay muchos momentos muy minimalistas. Hubo que limpiar, que pulir. Canciones que tenían 8 músicos, al final quedaron 3. Quiero que oscile el disco entre un sonido grandilocuente como “Ser Pequeño” o “Dando Vueltas” a cosas simples, como “Ley de vida”, o “Las venas”, que es acordeón, contrabajo y guitarra acústica, y no toco nada. Lindo poder tomar esa distancia.

 

Hay algunos temas que en el disco que están ubicados en el tracklist como para hacer de paisajes sonoros, me parecieron más puentes que otra cosa. “Pasa el tiempo” es la más obvia. “Las venas”, también. Son casi descansos en el recorrido. ¿Son temas utilitarios? ¿Van al repertorio en vivo?

Ni lo uno ni lo otro. “Pasa el tiempo” por ahora no está en el repertorio, pero está tocada en vivo. Y ya mis shows son de 2 horas y media,  hay 14 canciones nuevas, esa canción dura 5 minutos de los cuales 4 son instrumentales. No creo que sea para ahora.

Sí quiero que este disco salga en vinilo, probablemente lo hagamos, y ahí hacer teatros más chicos. Y tocar el disco entero en el orden. Por ahora no.

Esas canciones tienen la necesidad de estar donde están. El disco es un ejercicio romántico, entonces sí tiene el concepto de ser un viaje entero. La tendencia es a lo desechable, la canción suelta que suene bien en el computador. Este disco suena bien en el computador, pero lo hago pensando que algún hueón lo va a escuchar en unos buenos parlantes, con unos buenos audífonos.

“Pasa el tiempo” es un tema que en un disco pop no tendría nada que hacer. Tiene más sentido en un disco de jazz fusión. Y el disco parte muy intenso, y esto es un respiro. Y esa canción parte en la tonalidad de “Ser Pequeño” y termina en la de “Vapor”, y rítmicamente también es un viaje entre lo uno y lo otro. Es un puente, efectivamente. Y a medida que lo fui construyendo, y terminé la composición con eso el tiempo.

 

Vi una foto promocional tuya con una guitarra eléctrica colgando y el disco tiene un tema como “Dando Vueltas”, que es más rockera que lo que haces tradicionalmente. Salvo “Voy Volando”, no me acuerdo nada muy rockero para atrás. ¿Está claro el gesto o no es tan así?

Es probablemente el más mainstream y para mí el más experimental. Es el que más se sale de lo que hago siempre. Lo de la foto es circunstancial, yo toco harta guitarra eléctrica, ahora en este disco voy a tocar más. No me interesa definirme como rockero. Los lenguajes los conoces bien. Yo toda mi vida he escuchado a Jimmy Page y he escuchado a Piazzolla y eso me sale independiente la instrumentación que tenga una determinada canción.

El “Dando vueltas” es con la banda. Y con las cuerdas del mismo disco. Era decir “vamos a hacer esta música y que suena a nosotros”. Y qué heavy, darte cuenta que tenemos un sonido. Al menos ese es el desafío. Y en lo puntual, el tema remitió al sonido del Unplugged de Charly García.

 

Para el final, te saco en cara algo que nos dijiste aquí, en el programa de radio, en las conversaciones a la pasada, etcétera: no querías presentar material nuevo en un lugar tan grande como el Caupolicán, menos como el Arena. ¿Qué pasó que te hizo dar vuelta la chaqueta ahí?

Sí (ríe). Varias cosas. Primero, vamos a hacer más adelante conciertos chiquititos. Punto dos: después de Viña, la gente que quiere ir a verme es mucha más y sería injusto dejarlos fuera. No tiene sentido hacer 7 Nescafé, por ejemplo. Y es un desafío. Y el Arena está al final de la gira por Chile, no al principio. Vamos a haber hecho 8 o 9 conciertos en teatros para mil personas. Y por último, he estado varias veces últimamente en el Arena tocando. Y sí se puede hacer un show bueno. Y será un Arena chico, no el lugar completo.

Pero para no hacerle el quite al punto, me gusta tocar para menos gente. Y 400 personas, eso me gusta, eso me motiva y me inspira. Pero no me puedo cerrar a nuevas experiencias, como Viña. Hay que abrirse, no puedo quedarme en mi capricho. Hay que llegar a la gente. Si hay que llegar así, llegamos. Al final, me debo a la gente.

Va a ser un show largo, con invitados y todo el cuento. Vamos a tocar 10 temas nuevo en el Arena, no es poco. Es un desafío. Es un gran desafío. Pero va a estar bueno, seguro.

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