Talking Heads: siempre a la cabeza

   Por: Rodrigo Ulloa     

Talking Heads

La historia de Talking Heads comenzó a escribirse durante los primeros años de la década de los setenta, cuando tres compañeros en una clase de arte en Rhode Island se hicieron amigos gracias a sus gustos musicales.

 

Eran la bajista Tina Weymouth, el baterista Chris Frantz y un excéntrico escocés amante del punk, new wave y el pop estadounidense, David Byrne. Sus primeras escaramuzas como Talking Heads ocurrieron en 1975, abriendo shows para los Ramones en el CBGB, una especie de Mecca musical en el Nueva York de esos años.

 

Si bien su propuesta era un poco más sofisticada que la que ofrecía el común de la escena, Byrne y sus amigos cayeron parados ante una audiencia abierta a absorber cualquier idea musical.

 

Su primer disco no fue lo que esperaban algunos, pero el segundo esfuerzo encontraría a un padrino perfecto para acompañarlos en ese viaje: Brian Eno, productor y gurú en las lides del ambient. Sería él quien llevó a la banda de Byrne a cruzar nuevos límites e instalarlos en la pista de baile.

 

 

Eso, mientras su cruzada por el mundo del  post punk tuvo una evolución curiosa. Mientras los más antiguos apelaban al formato de tres acordes en tres minutos, las cabezas parlantes crecían en complejidad y ambiciones, entre otras cosas, gracias a la inclusión de Jerry Harrison en guitarras y teclado.

 

Quizás la gran virtud de Talking Heads durante los 80’s fue tomarse las cosas con calma e incluso, mirar un poco hacia al sur adoptando sonoridades latinas y africanas, un punto que se transformaría en diferenciador clave a lo largo de su historia.

 

Con el tiempo la banda pasó a ser la banda de soporte de una cada vez más renacentista David Byrne, una especie de pequeño Bowie trotamundos que decidió dejar de estirar el elástico en 1988, cuando terminó con la banda luego de la edición de su último disco, Naked.

 

Pero quedaría una última revancha para la banda. Pasó el 2002 cuando Anthony Kiedis se encargó de inducirlos al salón de la Fama del Rock and Roll, donde tocaron sus últimas 3 canciones. Sería el fin de la banda y el comienzo de la leyenda.

 

* Cuenta la leyenda que Radiohead escogió su nombre gracias a la canción “Radio Head”, incluida en su disco de 1986 True Stories.

 

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